a veces... tan solo a veces tomo decisiones inesperadas. Salto al vacío con plena confianza para sentir más paz de la que realmente necesito. Me dejo entregar entre páginas vírgenes y dejo que el lápiz se deslice para dibujar su rostro. Pienso en ella... sigo pensando en ella una y otra vez mientras el tiempo congela una tonta sonrisa en mi rostro. Es de tarde y sigo pensandola. Cada recuerdo ilumina ese basto espacio que su ausencia dejó en mi cuarto. Hay una foto colgada y una carta de despedida que aún no termino de redactar. El pasillo se impregna de ese intenso olor a incienso que no deja de quemarse a lo lejos. Camino y sigo caminando en una espiral que me lleva nuevamente a su mirada. Pienso salir a buscarla en fronteras desconocidas, en ciudades ajenas y montañas lejanas. Ir más allá de donde mi consciencia llegó alguna vez para gritarle que alguna vez la amé, que ahora quizá la amo o que seguramente la amaré. Se sigue haciendo de noche y el frío se intensifica tanto c...
La Noche más negra. Mr. Dulles ya podía dormir tranquilo. Eran las 21:00 horas del domingo 27 de junio de 1954, cuando el presidente revolucionario de Guatemala, Jacobo Arbenz pronuncia su discurso de renuncia por TGW. La primavera termina e inicia una lluvia pertinaz y eterna, color sangre. Habían triunfado mercenarios y traidores.
De a vara y un tostón en las horas pico. Cantan los gallos en la fría madrugada de un día como tantos otros: simple, gris y descolorido en la vida de la plebe; una jornada laboral más se anuncia. Cansado se levanta el trabajador, con el sueño pegado en la piel, el ardor de ojos, el dolor de los callos en los pies, con las tripas chillando de hambre y los sueños olvidados entre la congoja de la triste realidad. Poco a poco se van encendiendo las luces de las casas y se escucha el movimiento de la población: las jarrillas despeltradas que llevan hirviendo en sus entrañas el bagazo que venden por café en las tiendas, en la mesa se estiran las conchas, cachitos, hojaldras, champurradas y los franceses con huevos revueltos y frijoles parados, las tortillas con sal para los más desvalidos. Suenan las palanganadas de agua en los patios, donde la gente se baña con el agua fría que sacan de aquellos toneles oxidados bajo el sereno mientras se restriegan con el jabón de coche y ...
Comentarios